domingo, 12 de octubre de 2014

LA INFLUENCIA DEL ENTORNO Y DEL EFECTO MARCO EN NUESTRAS DECISIONES ES ARROLLADORA.

          Hubo un experimento famoso y terrible, que se realizó en los inicios de la década de 1960, promovido por el psicólogo Stanley Milgram (1933-1984), de la Universidad de Yale, para investigar los mecanismos de la obediencia. Los resultados fueron irrebatibles: "La psicólogía social de este siglo revela una gran lección: lo que determina cómo actúa una persona a menudo no depende tanto del tipo de persona que se es como del tipo de situación en la que se encuentra", concluyó Stanley Milgram.

       Ha quedado en los anales de la investigación como uno de los experimentos más esclarecedores del comportamiento humano. Participaron nada menos que cuarenta estudiantes dirigidos por unos jefes de sala que presidían la transmisión de corrientes eléctricas con fases distintas y voltajes crecientes desde trienta hasta cuatrocientos cincuenta voltios a unos actores, que simulaban sufrirlas en su cuerpo en una habitación contigua.

       Si una persona en una posición de autoridad le ordenase que adminstrase a otra persona una descarga eléctrica de cuatrocientos voltios, ¿le obedecería? La mayoría de la gente respondería a esta pregunta con un no categórico. Sin embargo, el experimento de Milgram ofreción una visión espeluznante e impactante de la autoridad y la obediencia.

    Los experimentos empezaron en julio de 1961, cuando en Jerusalén se estaba juzgando al criminal nazi Adolf Eichmann. El argumento de la defensa -que Eichmann no hizo más que obedecer a sus superiores cuando ordenó la muerte de millones de judíos- despertó el interés de Milgram. En su libro Obediencia a la autoridad.,publicado en 1974, Milgram se preguntaba si era posible que Eichmann y los millones de alemanes que fueron cómplices del nazismo debían ser considerados realmente cómplices o quizá sólo obedecían órdenes.

       El voltaje de las descargas eléctricas que cada participante estaba dispuesto a aplicar fue el dato que se usó para medir el grado de obediencia. Milgram preguntó a un grupo de estudiantes de su universidad hasta dónde creían estar dispuestos a llegar la mayor parte de los participantes del experimento. La respuesta fue que serían menos del 3% el que aplicase las descargas eléctricas de intensidad máxima. En realidad, lo hizo el 65%.

    El juego de la muerte (documental)   

 EL BATALLÓN 101.   , destinado en Polonia durante la II Guerra Mundial, que recibió un encargo terrible: asesinar a determinadas personas. Pero el capitán, a diferencia de lo que sucedión en el experimento de Milgram, fue amable y permitió que los soldados evitaran voluntariamente esta situación insostenible rompiendo filas. Lo increíble, lo sorprendente, es que casi ninguno aprovechara la oportunidad infringiendo, por una vez, las reglas como se les permitía.

        Es tremendamente importante entender que las personas hacen cosas terribles no siempre porque sean malas, sino porque no quieren romper las reglas. En el caso del batallón destinado en Polonia no se trataba de soldados, sino de policías, seguramente poco receptivos a la propaganda habitual. Apenas tuvieron unos segundos para decidir si querían apartarse del resto o no. A pesar del permiso implícito y declarado del comandante: "Puedo entender que algunos de vosotros no queráis hacerlo. Aquellos de vosotros que no estéis dispuestos a seguir las órdenes, dad un paso alf rente y os buscaremos otra tarea", solamente una docena de los quinientos dieron un paso al frente. ¿Cómo se explica esto?

        Una de las razones es que los soldados se rigen por un principio intuitivo que dice: "No dejes atrás a los tuyos, no rompas filas". El comandante había formulado la pregunta de tal modo que tuvieron que escoger o bien quedarse firmes o romper filas y seguir sus otros principios morales, como el de no matar a personas inocentes. Si el comandante lo hubiera expresado al revés, si hubiera dicho: "Los que queráis hacerlo, los que queráis matar, por favor, dad un paso al frente", este conflicto no habría estallado con la misma virulencia. Con toda seguridad, muchos menos habrían dado un paso al frente. 

      Con el Efecto Marco., lo que se demuestra es que la fórmula utilizada para la petición o el permiso tiene una importancia fundamental.

      Un anuncio publicitario en el que se declara que sólo en un 10% de los casos el fármaco expuesto tiene efectos secundarios, tardará más en venderse que el del mismo fármaco anunciando que en un 90% de los casos no produce ningún efecto secundario.

EDUARDO PUNSET.
EL VIAJE AL PODER DE LA MENTE.  

viernes, 3 de octubre de 2014

EN OCASIONES DECIDIMOS MEJOR CON POCA INFORMACIÓN.

                   Esa inferencia inconsciente pasa, en primer lugar, por aceptar que la falta de información, en determinadas circunstancias, puede ser un activo de la capacidad del razonamiento. Un grupo de experimentadores alemanes reunió a dos docenas de ciudadanos para ver cómo contestaban a la siguiente pregunta: ¿qué ciudad tiene más habitantes, Detroit o Milwaukee? ¿Cuál cree el lector que fue la respuesta?

             Se había hecho la misma pregunta a ciudadanos estadounidenses, y hubo división de opiniones: el 60% se inclinó por Detroit -que es la respuesta correcta-, pero el resto optó por Milwaukee. Cuando se hizo, como he mencionado antes, la misma prueba con ciudadanos alemanes -que sabían poquito de Detroit-, y la mayoría ni siquiera había oído hablar de Milwaukee-, ¿qué cree el lector que pasó? ¿Qué proporción de alemanes acertó la respuesta en comparación con los norteamericanos? Lo sorprendente es que prácticamente todos. Muchos más del 90%.

            ¿Y cómo es posible que las personas con menos información realicen sistemáticamente mejores inferencias que las que saben más cosas, porque se trata de ciudades de su propio país? Aquí se aplica una regla muy sencilla, que denominamos heurística de reconocimiento: "Escoge lo que conozcas". Esto es lo que se llama "regla general" o "heurística". Una heurística ignora información, ye sto es lo que acelera la toma de decisiones por el inconsciente en la situación adecuada. Los alemanes habían oído hablar de Detroit, pero no de Milwaukee: ése es el motivo. La ignorancia parcial puede ser útil, y siempre sucede así cuando, en el mundo real, el reconocimiento del nombre está correlacionado con lo que se quiere saber.

          Nuestro cerebro se pasa la mayor parte del tiempo haciendo conjeturas. Un ejemplo muy ilustrativo es el de la luna: cuando está situada en la horizontal de nuestro campo de visión, parece mucho más grante que cuando está en la vertical del firmamento. El cerebro está adivinando para que nosotros podamos vislumbrar cuándo se trata de un horizonte supuestamente cercano, con el mar de fondo, o de un horizonte supuestamente más lejano en la vertical del firmamento.

 

          Llegamos a distinguir un espacio bidimensional, lo cóncavo y lo convexo gracias a que el cerebro recurre al hecho archisabido de que la luz fluye desde arriba, hilvanando así la idea tridimensional de los cuerpos cóncavos y sus contrarios los convexos en función del sombreado subyacente. En este caso lo que el cerebro nos dice es que el objeto bidimensional es cónvcavo acentuando la sombra en la parte superior del objeto; mientras que en el otro caso la sombra se acentúa en la parte inferior.

        Esto es así porque en la historia evolutiva solamente había una fuente de luz y procedía de arriba. 

        Cuando la sombra de un objeto está en la parte superior, entonces el cerebro deduce que los puntos se alejan del observador.

         Es decir, en el mundo real, el cerebro está haciendo supersticiones, pero sobre la base de principios inteligentes, que son probables pero no seguros. 

EDUARDO PUNSET.
EL VIAJE AL PODER DE LA MENTE.